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Actividad Física para Adultos Mayores

Sentirse bien con el paso del tiempo

Actualmente se están rompiendo barreras que impedían el desarrollo de programas de ejercicios físicos para personas mayores. La falta de información durante mucho tiempo fue creando un inconciente colectivo en nuestra sociedad que limitó en especial al segmento de los adultos mayores la posibilidad envejecimiento saludable. Hoy, la familia o grupos formados por personas de la misma edad están involucrados en programas personalizados que gradualmente desarrollan los gimnasios. Empezamos a comprender que estos lugares no son solamente para deportistas o personas que desean mejorar su apariencia física.

A medida que envejecemos disminuye nuestra capacidad aeróbica, fuerza muscular, resistencia y flexibilidad. Pero si nos mantenemos activos podemos retrasar enormemente estas disminuciones propias del ciclo de la vida. El deterioro del cuerpo se acelera cuando sin importar la edad, somos excesivamente sedentarios, nos alimentamos deficientemente y tenemos una actitud negativa ante el paso del tiempo.

Incluir actividades físicas a personas mayores primero produce sensación de bienestar. Luego la práctica regular reduce los síntomas de ansiedad y de presión que mejorará  enormemente su calidad de vida.

Antes de comenzar cualquier programa de este tipo es preciso someterse a una evaluación médica completa, para despejar dudas que puedan plantearse los entrenadores a la hora de planear el programa de ejercicios personalizados. Es conveniente también una conversación previa entre el médico personal y el profesional a cargo de la futura actividad física. Además, hacer estudios médicos sobre la estructura ósea (columna y cadera), son una gran ayuda al momento de determinar los ejercicios para fortalecer la musculatura y flexibilidad del paciente. La elección de un programa de actividades debe realizarse con mucho cuidado debiendo estar dirigidos por expertos en medicina o educación física.

Los trabajos sobre la fuerza, la flexibilidad, la resistencia y capacidad aeróbica no deben faltar en este programa.

La fuerza es una capacidad neuromuscular que se puede desarrollar a lo largo de toda la vida. En los últimos tiempos  los especialistas consideran relevante el entrenamiento de la fuerza en la tercera edad, ya que permite prevenir accidentes, evitando caídas a través de la mejoría de la estabilidad y la fortaleza de los miembros inferiores y la columna. Esto mejora la postura y logra mantener al adulto mayor o al anciano mucho más seguro.

Al evitar caídas estamos previniendo una de las principales causas de muerte en la edad avanzada, o que es el proceso que comienza con una fractura de cadera o de cabeza de femur, y que deteriora definitivamente la calidad de vida de la persona debido a la inactividad que provoca por imposibilidad de trasladarse por sus propios medios.

La fuerza también coopera al mitigar los efectos de la descalcificación que provoca la osteoporosis que vuelve mucho más frágiles a los huesos, al descender el porcentaje de minerales. Estos planes son también compatibles con patologías cardiovasculares y respiratorias tan frecuentes en la edad avanzada. Todo depende de cómo se planee el entrenamiento y de la total personalización del mismo.

La natación, caminar en una cinta bajo control y pedalear en una bicicleta fija, son actividades propicias para el desarrollo de la capacidad aeróbica. Se elegirán de estas actividades las que correspondan en cada momento para mejorar la capacidad cardio-respiratoria, evitando siempre los esfuerzos muy intensos. Es mejor siempre una actividad continuada y de una intensidad muy moderada. Debe ser regular y constante, en caso de suspender el programa durante un tiempo, la reanudación será progresiva.

Ante el cansancio, moderar el ejercicio y parar ante el menor síntoma de dolor, mareo, vértigo, respiración jadeante o dolor de cabeza. Hay que perseverar con tenacidad y paciencia, para conseguir el fin buscado, evitando siempre quemar etapas. Tener en cuenta que estar en forma es casi una cuestión de sentido común.

La actividad física cotidiana, constituye uno de los pilares para la prevención de la arteroesclerosis. Produce una disminución de las cifras de tensión arterial en personas hipertensas. Estas actividades bien programadas aumentan el gasto calórico del organismo, contribuyendo a la pérdida de peso en personas cercanas a la obesidad.

Por último, los ejercicios cardiovasculares, el levantamiento suave de pesas, con técnicas correctas, sin forzar las articulaciones o con la utilización de aparatos de rehabilitación específicamente diseñados para mejorar los rangos de movilidad de las articulaciones, son indispensables en los programas de entrenamiento realizados en los gimnasios para adultos mayores.

 

Prof. Jorge Trevisan